Abróchense los cinturones que tenemos turbucrucigramas


Os voy a abrir mi corazón: las limas de uñas me dan escalofríos. No he dicho repeluco: va más allá. Me estremezco sólo de pensar en esos ásperos instrumentos de cartón rojo y blanco para la tortura ungular -y, sí, ahí va la palabra chunguilla de esta entrada-. No echo espuma por la boca cuando las veo, pero dadle tiempo a mi cuerpo a que se estropee.

Las historias que cuento nunca salen de la nada; de hecho, suelen tener que ver con viajes. En este caso, lo que sucedió fue que, en el vuelo de vuelta de Florencia con una compañía low-cost de las que diseñan los asientos para erosionar tu menisco y modificar así los caminos de la evolución natural de la especie humana, había una chica dándole a la lima. Además -apunte totalmente relevante-, estaba ocupando un asiento de ventanilla. Incluso diría que, pese a que las plazas no estaban asignadas, estaba en MI asiento de MI ventanilla. Me gusta mirar por el tragaluz del avión cuando atardece porque soy muy teatral y bastante crepuscular.

Intenté tranquilizarme con una transacción simple: El País, 1 euro y 20 céntimos. En realidad, suponía una oferta que no podía rechazar porque era domingo y entonces va más caro; soy un ratilla. Me mantuvo ocupado todo el vuelo porque mientras estaba en Italia, Silvio Berlusconi había dimitido como primer ministro. Pero esa no era la función principal del diario, ya que me lo agencié convencido de hacer el crucigrama que siempre atesora en su interior.

Happy Puzzle

Me aficioné durante la universidad a esa guarrada cuadriculada que ingenia todo los días un tipo -o un oscuro colectivo- que se refugia detrás del nombre de “Mambrino”. En mis ratos libres de entonces me dedicaba al asunto de “Volcán de 7 letras en el 6 vertical: Vesubio”. Al final me duraban poco porque pillaba las intra-coñitas que hace el autor y sabía por dónde iban los tiros.

Pues bien, ni siquiera comencé el crucigrama durante el vuelo, como llevo haciendo algún tiempo. Y no pasa nada, porque creo que esto va de cambiar de costumbres según el guión lo requiera. Para ver si me acuerdo del guión, esta noche me pongo con el crucigrama, una actividad nada digital que me va a distraer de la rutina de bits y bytes. Ya os contaré si me lo he acabado mañana por la mañana -bueno, esto lo estoy escribiendo por la noche pero lo saco al día siguiente, así que la referencia temporal es un poco cacas, sobre todo si se tiene en cuenta que la diferencia entre una actividad y otra es de horas pero aquí sólo hay una línea de diferencia-.

Sí, me lo he acabado. Tengo documentos gráficos. A ver cómo escribo el guión de hoy.

(Imagen de madmolecule - Flickr)

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Hablemos de Twitter, carajo


Domingo: un maravilloso día para no hacer nada importante, como hablar de Twitter. Tengo doscientos-y-pocos seguidores, muchos de ellos son amigos y conocidos, así que no soy una gran estrella. Pero veía necesario hablar un poco del tema. Nunca he ido a ninguna quedada de tuiteros famosos, son para gente importante y/o para los que toman partido por algo. Tengo mucha menos iniciativa.

Para lo que sí tengo iniciativa es para escribir sobre lo loca que está la gente. Me encanta Twitter, pero hay un montón de tipos ahí fuera que gastan su tiempo en darle al F5 para que su timeline se llene de las cosas que a nadie le interesan, excepto a ellos. Siempre me han caído muy mal los que no salen de la aldea global en todo el día y prefieren su vida virtual a hablar con sus amigos, su familia o sus mascotas. Es como si Dragones y Mazmorras no nos hubiera enseñado nunca su sangrienta y triste lección de vidas que se han ido por el sumidero.

No obstante, reconozco que Twitter es lo mejor de internet en el capítulo de redes sociales, muy por delante de Facebook. El otro día hice una noticia del jefazo de Vente-Privée, Jacques-Antoine Granjon, que aseguró que a Facebook se va a hacer exhibicionismo. Dice mi amigo @LeanBC -amigo de la realidad, amigo mucho más tarde en la red social del pajarico- que a Twitter se viene a dar pena, así que nada de tener vidas interesantes.

Twitter

Incluso, me da de comer muchos días. Como sabéis, soy periodista en la sección de Tecnologías de un importante y deslumbrante medio de comunicación. Twitter forma parte de mi maravilloso y cojonudo trabajo, que no cambiaría por nada del mundo. La verdad es que creo que he escrito decenas de noticias sobre el sitio este.

Por Twitter se puede hablar de trabajo -incluso, conseguirlo, dicen-, se pueden hacer coñas de Los Simpsons con tu hermano a quien hace semanas que no ves, se pueden gritar las tonterías que se te ocurren y te pueden quitar el blog por ello, como le pasó a Vigalondo -sensu stricto, la cosa es mucho más complicada, creo; estaría bien que él mismo os lo explicara algún día-. La leyenda también dice que se puede ligar; reconozco que he tirado piedras, pero es como toserle a un gigantesco estornudo. Para follar ya está Badoo. Ahora que lo digo, debería hacerme cuenta, cuán superficial y frívolo soy. En fin, esperemos que Twitter sirva también.

Lo mejor de todo es la gente que va y escribe sus cosas bajo seudónimo. Son los auténticos triunfadores de Twitter. Mis favoritos, Pamplinero, Hematocrítico y Masaenfurecida, que tiene pinta de que son varios.

Pero lo que es la releche es que siempre te echas unas risas; viene bien para los domingos. Por favor, no os hagáis Twitter que acabaréis como yo.

Si vuelvo a escribir sobre Twitter, comentaré un poco más la fauna del lugar, I swear.

(Imagen de Jeff Turner (respres) - Flickr)

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Va un tío por Eindhoven con un diapasón y

He estado en Holanda por trabajo y he dormido un día allí, si se le puede llamar dormir a quedarse traspuesto durante, aproximadamente, 40 minutos. Me pasa bastante en los hoteles. Sí, en esos sitios con camas más acogedoras de lo que jamás será la mía.

Amigos, no hay ninguna moraleja ni ninguna conclusión para la historia, no tengo ni idea de por qué no me duermo. Simplemente, pasa siempre. Ni valeriana, ni una caña, ni bombones, ni un libro tostón. No funciona nada. Los primeros minutos del día siguiente parezco atropellado, pero luego estoy mucho más concentrado y lúcido de lo normal. La privación del sueño, resulta que es un estimulante para mí. Evidentemente, en la hora a la que estoy escribiendo el post -23:58 del 27 de septiembre, ahora mismo-, permanecer despierto es todo un alarde.

Tampoco hay ninguna razón que salte a la vista. Tener trabajo importante al día siguiente no es un motivo relevante: muchos días sé que voy a manejar un follón gordo y, aún así, como un bebé. Dormir fuera del hogar tampoco suena a factor convincente ya que mi hogar es, desde que me fui de casa, un sitio en el que duermo; a veces, incluso tardo meses en decorar mi cuarto.

Lo otro que me sucede es que cuando duermo mal, sueño, y es exactamente lo que me ha sucedido en esos 40 minutos. He tenido un sueño en el que aparecía dando vueltas por Eindhoven con sonrisa de pilluelo y un diapasón en la mano porque resulta que todas las campanas de la ciudad estaban afinadas en el mismo tono. Y allí estaba yo, de transeúnte alquimista de megahercios, fatal de la azotea.

Algo que no es tan extraño si tenemos en cuenta que cada hora y cada media oía las campanas de la iglesia del Heilig-Hartkerk, que tenía justo en frente de mi chabolo. Moraleja: si me veis dormido, contadme historietas y a ver qué pasa. A dormir, copón ya.

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