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Miseria

Los discursos sobre lo chungo que está todo, sobre la miseria económica española. Perdonadme que me una a la conversación -especialmente a estas alturas, cuando ya estará todo dicho-, pero ya sabéis que todo post que escribo acaba en lo que veo y lo que siento y yo y mí mismo. Drogas duras.

Como sabéis, si habéis leído la entrada inmediatamente anterior a ésta, veo muchas webs a lo largo del día. Lo normal es que si estoy navegando por una web que trata sobre el deslumbrante mundo del pan, los links de esa página me van a llevar a otras que tendrán que ver con el pan. Magia. De esas magias lógicas que no son mágicas.

No os podéis imaginar la cantidad de veces que me ha pasado que, mientras miro webs de apuestas, me encuentro entre los enlaces a casinos un link que va hacia un portal de inversión en opciones "put" y "call". Efectivamente, tratan de convencer a todo el mundo de que cualquiera puede ganar viruta con instrumentos financieros, que es como apostar, pero más seguro. Olvídate de ir al cajero a sacar gallina porque, gracias a este saludable método que te permite ser un broker en pijama, te puedes comprar tu propia impresora de retratos de Ben Franklin, qué tanta Fed ni qué tanto Bernanke.

Solar Casino Night (11)

Llevan razón, así-sobre-el-papel. Pero cuando un pobre infeliz se quiere meter a Gordon Gekko tiene unas altísimas probabilidades de hacer el ridículo y, en el peor de los casos, de arruinarse. Justo como si decide apostar.

Eso sí, el muchacho tendrá igualdad de oportunidades. Que el pobre diablo pueda arruinarse, ayudémosle a que lo haga y cobrémosle por ello. De paso, mandemos al garete a un puñado de empresas por el uso inapropiado de unos instrumentos que, manejados de manera responsable, podrían ser útiles.

Falla el liberalismo, sí, pero, además, el mundo es una ecuación perversa en la que se miran cara a cara la miseria y los miserables. 

(Imagen de Ian Murphy - Flickr)

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Principio de Peter


Que no lo sé todo es algo que no es nuevo para cualquiera que me conozca; además, los que me conocen bien saben que ni siquiera lo ambiciono. Resulta que hoy, como prueba de ello, he aprendido una cosa bien bonita: el Principio de Peter. En este enlace a Wikipedia se explica de forma clara.

Es posible que algunos ya lo conozcáis; voy a explicarlo de manera muy breve. Laurence J. Peter dijo hace bastante tiempo que los empleados ascienden y progresan en la jerarquía de la organización o empresa en la que trabajan hasta que alcanzan su nivel de incompetencia. Chulo, ¿eh?

Office of Scientific Intelligence

Con la que está cayendo, poco importa que te asciendan o no: el nivel de incompetencia es 0, tener un trabajo es lo suficientemente desafiante. Pero la idea del Principio de Peter, que ha esgrimido hoy el expresidente del Consejo de Administración de Caja Mediterráneo (CAM) Modesto Crespo, sirve para muchos momentos de la historia y para muchas personas que la han habitado. Además, me llena de preguntas, que supongo que es la parte más interesante de esta entrada poco interesante.

¿Qué llevaría a una persona a ver que ha alcanzado el cénit de incompetencia? ¿Cómo se le queda el cuerpo cuando pasa? ¿Es capaz de seguir yendo al baño con normalidad? ¿Se deprime, le deja su pareja y empieza a beber vino del brick? ¿Me estará pasando a mí? ¿Te estará pasando a ti, querido lector ocasional? ¿Qué hay después de ese punto? ¿Por qué los zepelines tenían forma de pepino volador?

No somos capaces de todo, pese a que Hollywood se empeñe en hacernos creer lo contrario. En el fondo, son los límites los que nos ayudan a ser conscientes de que somos un todo, con un principio y un final. Y las mejores historias, como ya he escrito en otras ocasiones -perdón por iterarlo-, tienen un buen final.

Conocer nuestros límites. Aunque cada día se vayan expandiendo; como en mi caso, que hoy, con el asunto del Principio de Peter, he aprendido una movida más.

(Imagen de JD Hancock - Flickr)

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French spoken here

Entre las pocas virtudes que tenía de chiquillo, hablar francés era una. Tengo varios papeles que acreditan todo lo que estoy escribiendo, que conste. Sin embargo, en los últimos años me he interesado más por el mundo anglosajón y en mi viaje a París he corroborado que entiendo a la gente pero que me siento más cómodo hablando en inglés. Siempre me ha gustado más.

Pero todo eso da igual. Historia verídica: cuando iba en el RER de Versalles hacia París, resulta que se me cayó el Samsung Galaxy –véase, mi teléfono con todas mis cosas que, por lo tanto, vale lo mismo o más que yo-. Aquí salgo posando con él en la App Date de octubre. Os adelanto que lo sigo teniendo porque una mujer muy amable lo recogió y me lo dio. Ella no era francesa y avisó a un lugareño que tenía detrás de mí para que me pellizcara porque no le oía cuando me llamaba, yo tenía los cascos puestos. Todo acabó con un “oh, merci” que bien podría haber sido un “mecagüen el copetín, muchas gracias maja, me acabas de salvar la vida”, seguido de un besico en la frente. En otros capítulos os explicaré cuán importantes son los trastos tecnológicos para mí, algo que podéis adivinar en el presente párrafo.

paris in b&w 3

De cualquier modo, el movris acabó en mis manos sin intercambiar palabras. No fue en francés ni en chino ni en inglés ni en castellano, pero las tres personas fuimos capaces de organizar un pedazo de Tratado de Versalles de la leche; Wikipedia dice que ha habido otros seis, pero eran bagatelas en comparación con esto. En fin, que el episodio en general es, desde el punto de vista comunicativo, un escenario win-win. Un prodigio de la semiótica. A buen entendedor, pocas palabras bastan.

Final feliz, sí, pero los tres habríamos acabado hablando en francés si me hubiera quitado los cascos, lo que me habría dado mucha vergüenza. Me acabaría acostumbrando, claro, si tuviera que emigrar, tal y como están haciendo muchos miles de jóvenes españoles. Esa gente ha puesto un cartel en sus chiringuitos que reza “French spoken here” o algo parecido para demostrar que siempre hay un plan B, muy importante si el plan A sigue haciendo las cuentas en pesetas y cree que internet sólo sirve para el porno. Afortunadamente, el ser humano es bueno y devuelve a sus dueños los móviles que se suicidan desde los bolsillos de los turistas. Afortunadamente también, podemos decir muchas cosas con y sin palabras; espero que eso no nos lo quite ningún cartel ni ningún exilio.

Gracias, Cris, por hospedarme. El euro resistirá. Y si no, pues ya nos buscaremos la vida.

(Imagen de "opethpainter" - Flickr)

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