Pablo was here

Nos obsesiona que no quede nada tras nuestra vida que atestigüe que la hemos vivido. En ocasiones dejamos un hijo -o un puñado de ellos- y, en otros casos, dejamos deudas, pero siempre queremos una huella indeleble que permanezca aquí cuando nosotros estemos criando malvas.

El amigo que os traigo hoy se lo ha tomado muy en serio. Según he podido leer en una de mis visitas a Now, un adolescente chino ha escrito algo así como “Ding Jinhao was here” en el templo de Luxor, Egipto. No os puedo asegurar que diga eso la inscripción porque no sé leer chino. Ni tradicional ni simplificado.

Comparaciones con el Ecce Homo de Borja aparte -que no se merecen, más que nada por la calidad artística de las víctimas-, me parece grave pero tampoco incomprensible. El ser humano se ha pasado toda su existencia construyendo sobre sus propias ruinas, borrando las huellas de otros y marcando las suyas bien hondo, para que duren hasta que llegue el siguiente ególatra de turno y las elimine. Cuanto más tarde, mejor, claro.

Footprints

Como buen exiliado, yo me conformo con poco; en este caso, también. Siempre he pensado que lo único que sobrevivirá de mí será la memoria de los demás. Sus buenos y sus malos recuerdos serán lo que prevalezca, por más que me haya empeñado en comerle el tarro al todo el mundo. Por eso siempre les digo a los colegas “dales recuerdos de mi parte” cuando van a ver a amigos en común. No es una expresión hecha; al menos, no en mi caso.

A ver cuándo vuelvo a España a saludar a los amigos. Recuerdos para todos desde aquí. Pablo was there.

(Imagen de andy_5322 - Flickr)

Categoría | Comenta

Únicos

Hay palabras que, de vez en cuando, me revelan contradicciones. La de hoy es "únicos". Me inquieta bastante que "único", un adjetivo que sirve para catalogar algo genuino, original, aislado y decididamente positivo, separado de todo lo demás que no existe, pueda tener un plural. Que algo cuyo par sea inconcebible tenga compañía con sólo ponerle una ese. Pero lo que más me gusta es que ese mismo plural contradictorio, que viene de un concepto tan solitario, sirva para construir una de las identidades comunitarias más fuertes que puede haber. "Somos los únicos que quedamos con vida en esta nave"; si me lo dice a mí, créeme que me voy con Sigourney Weaver en Alien, el octavo pasajero hasta el final del universo, aunque me caiga mal o tenga cara de tramar algo. Siempre me ha parecido una tipa de mirada siniestra.

Todo esto lo pensé cuando estaba viendo que el 92 % de los smartphones vendidos en España entre diciembre de 2012 y febrero de 2013 funcionan con Android. Hasta los que tenemos Windows Phone sabemos que miles, millones de personas tienen el mismo modelo de móvil que utilizamos. A primera vista, a no ser que le hayas puesto una funda de ganchillo al trasto o le hayas rayado la carcasa, el cacharro es indiferenciable. Sin embargo, no podrías casi ni hacer la o con un canuto con el móvil si no es el tuyo.

Filming Sky?

Porque, claro, estos aparatos tienen contraseñas. O tienen aplicaciones que has personalizado. O tienen redes wifi que has guardado. O tienen los iconos puestos en un lugar diferente. O están en otro idioma. Eso es lo superficial, lo que es más fácil apreciar. Pero los móviles también saben lo que te han de mostrar cuando buscas algo en Google, que para eso han estudiado tu comportamiento; incluso Facebook tiene un filtro bastante listo que te ahorra el trámite de ver las actualizaciones de gente que no te importa demasiado. Qué alivio.

Eso, señoras y señores del jurado, es la leche. Un puñado de pulgadas intuye -ojo: más o menos- lo que queremos, conoce nuestras preferencias sin que se las tengamos que haber dejado manifiestamente claras. Es como si nuestra amante supiera cuál es nuestra camisa preferida o cuáles nuestros calzoncillos de ligar. Hemos -han- creado el amor sintético, la muñeca hinchable intelectual, apéndices que, con el tiempo, se convierten en únicos para cada uno de nosotros.

Otro día escribiré sobre el gran problema que esto plantea: que sepan demasiado de ti y te espíen, como si una desconocida analógica, de la vida real, te empezara a acosar. Pero eso lo dejo para más adelante, que cada vez que escribo más de dos párrafos, me entra la nostalgia y me deconstruyo.

(Imagen de Thomas Szynkiewicz - Das Fotoimaginarium en Flickr)

Categoría | 1 Comentario

Miseria

Los discursos sobre lo chungo que está todo, sobre la miseria económica española. Perdonadme que me una a la conversación -especialmente a estas alturas, cuando ya estará todo dicho-, pero ya sabéis que todo post que escribo acaba en lo que veo y lo que siento y yo y mí mismo. Drogas duras.

Como sabéis, si habéis leído la entrada inmediatamente anterior a ésta, veo muchas webs a lo largo del día. Lo normal es que si estoy navegando por una web que trata sobre el deslumbrante mundo del pan, los links de esa página me van a llevar a otras que tendrán que ver con el pan. Magia. De esas magias lógicas que no son mágicas.

No os podéis imaginar la cantidad de veces que me ha pasado que, mientras miro webs de apuestas, me encuentro entre los enlaces a casinos un link que va hacia un portal de inversión en opciones "put" y "call". Efectivamente, tratan de convencer a todo el mundo de que cualquiera puede ganar viruta con instrumentos financieros, que es como apostar, pero más seguro. Olvídate de ir al cajero a sacar gallina porque, gracias a este saludable método que te permite ser un broker en pijama, te puedes comprar tu propia impresora de retratos de Ben Franklin, qué tanta Fed ni qué tanto Bernanke.

Solar Casino Night (11)

Llevan razón, así-sobre-el-papel. Pero cuando un pobre infeliz se quiere meter a Gordon Gekko tiene unas altísimas probabilidades de hacer el ridículo y, en el peor de los casos, de arruinarse. Justo como si decide apostar.

Eso sí, el muchacho tendrá igualdad de oportunidades. Que el pobre diablo pueda arruinarse, ayudémosle a que lo haga y cobrémosle por ello. De paso, mandemos al garete a un puñado de empresas por el uso inapropiado de unos instrumentos que, manejados de manera responsable, podrían ser útiles.

Falla el liberalismo, sí, pero, además, el mundo es una ecuación perversa en la que se miran cara a cara la miseria y los miserables. 

(Imagen de Ian Murphy - Flickr)

Categoría | Comenta

Swedish Greys - a WordPress theme from Nordic Themepark . Converted by LiteThemes.com .