Va un tío por Eindhoven con un diapasón y

He estado en Holanda por trabajo y he dormido un día allí, si se le puede llamar dormir a quedarse traspuesto durante, aproximadamente, 40 minutos. Me pasa bastante en los hoteles. Sí, en esos sitios con camas más acogedoras de lo que jamás será la mía.

Amigos, no hay ninguna moraleja ni ninguna conclusión para la historia, no tengo ni idea de por qué no me duermo. Simplemente, pasa siempre. Ni valeriana, ni una caña, ni bombones, ni un libro tostón. No funciona nada. Los primeros minutos del día siguiente parezco atropellado, pero luego estoy mucho más concentrado y lúcido de lo normal. La privación del sueño, resulta que es un estimulante para mí. Evidentemente, en la hora a la que estoy escribiendo el post -23:58 del 27 de septiembre, ahora mismo-, permanecer despierto es todo un alarde.

Tampoco hay ninguna razón que salte a la vista. Tener trabajo importante al día siguiente no es un motivo relevante: muchos días sé que voy a manejar un follón gordo y, aún así, como un bebé. Dormir fuera del hogar tampoco suena a factor convincente ya que mi hogar es, desde que me fui de casa, un sitio en el que duermo; a veces, incluso tardo meses en decorar mi cuarto.

Lo otro que me sucede es que cuando duermo mal, sueño, y es exactamente lo que me ha sucedido en esos 40 minutos. He tenido un sueño en el que aparecía dando vueltas por Eindhoven con sonrisa de pilluelo y un diapasón en la mano porque resulta que todas las campanas de la ciudad estaban afinadas en el mismo tono. Y allí estaba yo, de transeúnte alquimista de megahercios, fatal de la azotea.

Algo que no es tan extraño si tenemos en cuenta que cada hora y cada media oía las campanas de la iglesia del Heilig-Hartkerk, que tenía justo en frente de mi chabolo. Moraleja: si me veis dormido, contadme historietas y a ver qué pasa. A dormir, copón ya.

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We are sorry, but this feature is only available in the US


Una gran frase, muy utilizada en blogs de empresas de internet. Lo que quiere decir en realidad es “os jodéis, snobs europeos”. Son un montón de cosas tecnológicas las que llegan tarde -o incluso, las que no llegan- al mercado comunitario, pero también las cosas de la tele.

No tengo televisor en casa. Cuidado, que no soy uno de esos listillos que se las dan de guays y arrastran por sus blogs sus plúmbeas palabras. Bueno, un poco sí. Pero no estamos con eso: si tuviera TV, la vería. Soy un animal de salón, todo el que ha convivido conmigo lo sabe. Pero es que me da pereza, en primer lugar, hablar con la dueña y, en segundo lugar, poner la tele; ya sé lo que me voy a encontrar.

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Para las noticias, además de las cosas de internet en las que siempre estoy, ya tengo los teletipos y el 24H puesto en el trabajo all day long. Películas sí que ponen de vez en cuando, por eso no me importaría tener tele. Pero, ¿series? Las hacen en Estados Unidos y no las compra ninguna cadena generalista en España. A nadie le interesa pagar un camión de oro por los derechos de emisión de algo cuando puede poner a -como si fuera el circo- un montón de payasos haciendo malabares. Malabares de mierda con la mierda de otra gente. Al fin y al cabo, los espectadores son de perfil bajo, no quieren nada más.

Subestimamos al televidente. The Walking Dead: éxito de audiencia en prime time en España. Después, nada. Parece que esa genial idea de exhibición quedó como un oasis testimonial en una parrilla débil, lastrada por unos medios titánicos pero con pies de barro, que padecen los achaques de una crisis económica eterna. No hay pasta y parece que no la va a haber durante un tiempo. Así que no habrá series de primera calidad, a no ser que alguien dé la campanada. Desde luego, que nadie espere series de calidad españolas porque that feature is only available elsewhere.

Todo esto viene a cuento de...

(Imagen de Maurits Knook - Flickr)

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“¿Es la granja de Playmobil?”


“JUAJHEJA sí, aquí es”. Me sé de memoria el anuncio de la granja de Playmobil, me dí cuenta haciendo un revival en YouTube uno de estos días. Creo que, de hecho, podría reproducir las pausas de respiración del spot, si es que los conjuros satánicos como ese se pronuncian con pausas de respiración. Creo que el anuncio es el primer inception que sufrí en mi vida; luego llegarían los Simpsons con las conversaciones indelebles que me sé de pe a pa.

Ese espantapájaros es un recuerdo durmiente en mi memoria -con perspectiva, he de decir que es una imagen un poco desagradable, el personaje en cuestión tiene un aire de histrión perverso que te cagas-. El problema es que, de no haber hablado con alguien del tema, el bicho habría pasado desapercibido hasta el día de la muerte de cualquiera que estuviera en mi lugar. La conclusión es que la mente de un ser humano está todavía a una distancia inmensa de la de un Jedi.

Washing machine or your life...

No sé vosotros, pero la mayoría de cosas en las que pienso son ensoñaciones y proyecciones hacia el futuro sobre el mundo y yo. He conseguido que esas historias no me distraigan cuando hago cosas importantes, pero cuando mi mente descansa un momento, entonces vuelven a la carga. Si nadie me habla, veo cosicas. Porque en vez de cerebro tengo una hormigonera de esas que te despiertan a deshora por las mañanas. Hay gente que hasta ha oído la hormigonera funcionar.

Ahora veo un futuro en el que alguien preguntará “¿es la granja de Playmobil?”. Puede que ese momento no se produzca este año ni esta década pero, demonios, espero estar allí y conservar mi memoria para contestar.

(Imagen de barockschloss - Flickr)

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