No escribo nada porque no tengo ordenador. Espero volver a tener uno y ya entonces, si eso, os dejo unas palabras.
Gracias y perdón.
No escribo nada porque no tengo ordenador. Espero volver a tener uno y ya entonces, si eso, os dejo unas palabras.
Gracias y perdón.
Es un hecho. Es como una fiebre que se apodera del ánimo humano. La bajona; tanta historia de avances científicos y todavía no hemos descubierto una cura. Una cura que no tenga forma de pastilla de ibuprofeno 600, quiero decir.
Es normal que estemos de mal rollo después de la alegría. En mi caso, es el asunto de las vacaciones, que se me acaban mañana y el martes vuelvo a trabajar. He de decir -escribir- que las he aprovechado al máximo y que no me sentía tan relajado desde hace 6 años. Por lo menos. Pero lo único eterno es el éxito sostenido de Rafaella Carrá.
Cuando uno está de bajona lo justo es dejarse llevar por el estado patético de las cosas. En mi caso, hoy la inercia me ha arrastrado a un breve paseo por el frescor de la montaña. Todo esto aderezado con banda sonora de Wilco, como no podría ser de otra manera para parecer más modernete melancólico. De esos chungos que te dan vergüenza ajena con sus bigotillos de modernete melancólico.
No obstante, me queda alegría todavía para, aproximadamente, 60 años más. Lo que no me queda es caudal de diversión del bono de internet en el móvil. Por cierto, que muchas gracias por leer estas cosas y que intentaré resolver los problemas de navegación que tenga la página. Hoy no, que estoy de bajona.
Los de vestir. No tengo nada en contra de los helados. Pero la prenda, ay; hay pocas cosas que entienda menos y que me gusten tan poco. No es que me caigan mal los estereotipos de gente que lleva polos, es que simplemente creo que los percibo como una combinación espuria de una camiseta y una camisa. Un error cósmico en forma de atuendo.
Las camisetas son bonitas. Tengo muchas. Las camisas también son bonitas. Tengo muchas también. Pero me molesta muy hondo que alguien pensara que de la combinación de ambas puede salir algo bello. El resultado es algo necesariamente contradictorio.
Casi tanto como estar orgulloso de dimitir de un cargo público por estar presuntamente implicado en una presunta investigación que intenta clarificar un presunto delito de corrupción. O tanto como decir que se tiene la solución a la crisis económica y no hacer nada para solucionarla. Lo mismo que estar equivocado -o no tener ni idea- y gritar que uno tiene la razón.
Pese a todo, defiendo el derecho a rectificar; no considero necesario reiterar una contradicción hasta el paroxismo. Por eso, listillos del mundo, no más tonterías: seamos consecuentes con nuestras faltas y no intentemos quedar por encima de donde estamos. Por eso, gente de la moda, no más polos.
Pablo Bronte
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